Editorial | El acento en los pequeños detalles

Nunca puse el acento en los pequeños detalles, no. Me pareció siempre buscarle la quinta pata al gato. Siempre me gustó avanzar, y avanzar. Y hoy comprendí que a esta altura de la vida, es bueno, y cómo!, poner el acento en los pequeños detalles.

Sucedió que tenía que buscar urgente, una foto para ilustrar una publicación que a la vez, tenía que salir en forma urgente. Era una información de “vida o muerte” en relación al Covid-19, esta calificación merecida por la costumbre nuestra -los trabajadores de los medios-, de intentar salir siempre “primero”. Y la información lo ameritaba.

Busqué entonces en la carpeta donde tenía guardada la foto, el nombre con que la guardé -científicos- no aparecía en el listado de fotos guardadas, no estaba. Miré el nombre de la carpeta, por si estaba buscando en la apropiada: coronavirus. Estaba en la carpeta indicada, y en el cuadro de diálogo con las fotos contenidas en la misma no tenía ninguna foto con el nombre científicos.

Busqué, y busqué en toda la computadora una foto con el nombre científicos, y no estaba. Y los minutos corrían y ya no sería el “primero en publicar”, luego de tanto trabajo y esfuerzo, cubrir el evento, grabar, desgrabar, titular, acordar que la bajada de la nota sintetizaba el hecho. Todo un valioso trabajo que salió de maravillas y que hasta el momento previo de buscar la foto, había predispuesto mi día, con el mejor de los ánimos. Hasta ahí había salido todo redondo.

Cuando ya estaba por buscar cualquier otra imagen que pudiera ilustrar la nota, se me cruzó una pregunta, e instantáneamente una respuesta. ¿Lo habré puesto sin acento?… Sí, lo puse sin acento, sin lugar a dudas, me dije. Fui y busqué una foto con el nombre científicos -sin acento- y ahí estaba la imagen, tan apropiada para la nota que quería publicar. Subí la foto, publiqué la nota, puse la pava, y me senté a tomar unos mates.

En la soledad de la redacción, con el sol asomando sobre el mar, retomando ese estado de bienestar interrumpido por la secuencia de no encontrar la foto, tomando el primer mate, entendí la importancia, a esta altura de la vida, de poner el acento en los pequeños detalles.

Pero entendí otra cosa, ese absurdo de querer “salir primero”, sin importar las concecuencias, cuando éstas son alejarnos del nosotros, refugiarnos en el individualismo, un individualismo que la pandemia vino a decirnos que es absolutamente inútil, que nos salvamos entre todos o no se salva nadie.

Por último, cuando iba por la media docena de mates, entendí que para poner el acento en los pequeños detalles y que esto no signifique un tormento, hay que valerse de un método -para todo hay que tener un método, me dijo una vez una amiga-, y cuanta razón tenía.

En este caso, el método sería escribir siempre correctamente, aún cuando lo esté haciendo para mí o en algo que será guardado en una computadora y nadie verá. Siempre hay que escribir en forma correcta, ése sería el método que me ahorrará cualquier complicación y me permitirá poner el acento en los pequeños detalles.

Este pequeño detalle, sirve además, para mostrarme las complicaciones que me ocasiona querer salir primero. Lo importante, es que salgamos todos.

Alejandro Lopez

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