Holística | El desdoblamiento del tiempo. Parte I

A mediados de los años 60, el escritor argentino Julio Cortázar, sugería que en el subterráneo de París el concepto del tiempo tomaba un aspecto particular, se desdoblaba en dos clases de tiempo bien diferentes: el tiempo exterior y el tiempo interior del viajante. Mientras que una distancia entre dos estaciones consecutivas podía medirse en cualquier reloj y era de unos dos minutos, en el mundo mental del pasajero podían elucubrarse historias de duración enormemente más largas que esos dos minutos e imposible de medir.

En su cuento El Perseguidor, su protagonista viajando en el metro recuerda momentos de su vida y cree que ha estado pensando en ello durante quince minutos, cuando en realidad sólo transcurrieron noventa segundos, el tiempo de recorrido entre dos estaciones seguidas, está experimentado un doble tiempo. Se cuestiona: “¿Cómo se puede pensar un cuarto de hora en un minuto y medio?”, “Viajar en el metro es como estar metido en un reloj: las estaciones son los minutos, comprendes, es ese tiempo de ustedes, de ahora; pero yo sé que hay otro, y he estado pensando, pensando…”

Este otro tiempo interior tiene su propia lógica y es cualitativamente distinto al tiempo exterior.

En estas ficciones, el autor argentino estaba plasmando en su brillante prosa lo que unos años después propusiera el físico francés Jean Pierre Garnier Malet en su Teoría del Desdoblamiento del Tiempo.

La pregunta: ¿Qué es el tiempo? Preocupó y preocupa a innumerables filósofos, físicos y matemáticos desde la antigüedad.

En los albores de la humanidad el hombre vivía en armonía con la naturaleza y sus ciclos, día / noche; estaciones del año, flujo y reflujo de las mareas, etc. A lo largo de generaciones seguían estas repeticiones en la misma secuencia y sin grandes cambios, de forma tal que, naturalmente su visión del universo era la de la repetición constante de estos ciclos, sin incluir la idea de un inicio; el tiempo parecía ser un círculo sin principio ni fin. Esta noción persistió en las antiguas China, India, Egipto y Medio Oriente.

Parecería que la idea de un comienzo surge en el judaísmo: en un momento preciso, Dios creó el Universo y a partir de allí comienza a transcurrir el tiempo, en forma lineal. Posteriormente, el cristianismo adhiere a esta visión.

En el área de las ciencias, de acuerdo con la teoría del Big Bang, el tiempo comienza a partir de la Gran Explosión, surge la materia con sus propiedades, espacio temporales.

Hoy la idea de la secuencialidad del tiempo admite discrepancias, por ejemplo el Profesor Richard Phillips Feynman, en un trabajo que le valió el Premio Nobel de Física en 1965, mostró cómo bajo determinadas circunstancias, unas partículas subatómicas –los positrones– pueden hacer breves retrocesos en el tiempo.

En la actualidad la teoría del desdoblamiento del tiempo propuesta por Jean Pierre Garnier Malet, presenta conceptos realmente reveladores: si bien el tiempo es continuo, presenta instantes imperceptibles que permiten el intercambio continuo de informaciones con el pasado y el futuro, llamados “aperturas temporales”.

Por ejemplo una hora puede dividirse en sesenta minutos, un minuto puede dividirse en sesenta segundos, un segundo en cien centésimas de segundo, una centésima de segundo en la cantidad que elijamos de las unidades más pequeñas que queramos imaginar. Entre estas unidades siempre habrá un pequeñísimo infinitesimal instante vacío. De esta forma, en rigor el tiempo no es continuo sino una secuencia de instantes separados por “aperturas temporales”

Estas “aperturas” serían la explicación de por qué el personaje de Cortázar (igual que todos nosotros) podemos pensar durante quince minutos en sólo noventa segundos; pero también pueden traernos información del futuro, tal el caso de las premoniciones e intuiciones. (Continúa en Parte II en la edición del sábado 7/12)

José María Caracuel

One Comment

  1. Roberto Becerra

    Se pone interesante, dado que de todo esto se derivarían muchas “herramientas” que, bien utilizadas, resultarían accesibles y provechosas para la evolución individual y colectiva de la humanidad.
    La espiritualidad y la religiosidad siendo de hecho maneras diferentes de encaminar la conexión de la propia identidad con la existencia, convergen en el anhelo de unificarse con la consciencia de lo que todo es, cualquiera sea el nombre que la exprese mejor.
    Profundizando a Garnier Malet podría decirse que, en la vida, las elecciones correctas, proporcionadas por el doble cuántico, podrían hacer que el camino de regreso a casa sea más corto, infinitamente más corto, porque acotando la variable temporal “infinito” a su mínima expresión, se pone bajo control la ecuación que subyace y por lo tanto la extensión (tendiente al infinito) del recorrido.

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