Paraguay y la entrega de recursos energéticos a Brasil

A medida que se van revelando las cláusulas de la entrega de la principal fuente de electricidad e ingresos financieros del país, las calles de Asunción van siendo ocupadas por cientos de indignados que exigen la destitución y condena judicial de los responsables.

Paraguay ha ingresado en las últimas semanas, en otra fase nociva de su turbulenta historia de semicolonia, efecto del continuismo político e ideológico dependiente desde hace siglo y medio de los dos poderosos vecinos, Brasil y Argentina, cuyos gobiernos, desde 1865, juegan de mercenarios del imperialismo, primero inglés y ahora de Estados Unidos.

El Presidente Mario Abdo Benítez y su Vice, Hugo Velázquez, acaban de salvarse de un juicio político, acusados de cometer el delito de Traición a la Patria, tras suscribir el 24 de mayo, un acuerdo secreto con Brasil -recién revelado- por el cual ceden al vecino hasta 2022 los derechos comerciales de Paraguay en la hidroeléctrica común de Itaipú; cuando en cambio debería reverse esa sociedad binacional, de singular importancia geoestratégica, que tendría que ser la mayor fuente de ingresos para catapultar el desarrollo paraguayo.

Muy temprano en la mañana del primer día de agosto, la Cancillería paraguaya recibió la sorpresiva comunicación del gobierno brasileño de renuncia a ese acuerdo, lo cual ha sido traducido como la mano tendida de Bolsonaro a su colega guaraní -a quien llama Marito- intentando evitar su condena, aunque se traduce como otra tramposa canallada porque la nota no cita la anulación del acta del 24 de mayo, sino que sólo habla de falta de acuerdo sobre la potencia contratada, aunque el gobierno paraguayo habla de anulación.

La bomba había estallado una semana antes, tras la renuncia de Pedro Ferreira, titular de ANDE, el monopolio estatal de electricidad, quien informó públicamente que su decisión respondió a desacuerdos con altos personajes del gobierno, que le exigían firmar para posibilitar ese acuerdo con Brasil, por el cual Paraguay cedía sus derechos en la comercialización del excedente energético del 50 por ciento que le corresponde, facultado por el Tratado binacional, suscrito en 1973 por los generales Alfredo Stroessner y Garrastasú Médicis, cual de los dos más criminal y ladrón.

Abdo Benítez, en un intento por desmovilizar la repulsa popular, que exigía su renuncia o someterlo a juicio político, en menos de 24 horas sustituyó al Canciller Luis Castiglioni, al Embajador ante Brasil Saguier Caballero, al representante de Paraguay en el Consejo de Administración de la represa, Alberto Alderete y a Alcides Jiménez, nombrado el día antes, Presidente de ANDE.

El miércoles, dimisionó “por honor”, la titular del Ministerio de Lavado de Dinero (SEPRELAD), María Epifania González, tras descubrirse que un hijo suyo ofició de emisario del Vicepresidente Velázquez ante Ferreira y empresas privadas brasileñas interesadas en manejar el excedente energético paraguayo, con las cuales, según fuentes brasileñas, ya habría negociado Benigno López, hermano de Abdo Benítez y actual Ministro de Hacienda.

El nuevo acto desleal se consumó hace dos meses y, a medida que se van revelando las cláusulas de la entrega de la principal fuentes de electricidad e ingresos financieros del país, las calles de Asunción van siendo ocupadas por cientos de indignados que exigen la destitución y condena judicial de los responsables, los cuales conforman una larga lista de hampones, maquillados de honorables personajes, entre quienes y muy pocos, los tribunales ordenan detener algunos días o meses, para luego otorgarles la incumplible prisión domiciliaria. Sus cargos en el Estado, son ocupados por otros impresentables y cómplices, que esperan ser convocados entre los numerosos ocupantes de la cantera de delincuentes políticos, empresariales y religiosos, que el país tiene para regalar.

El entreguismo de la Patria, que comenzó al terminar el genocidio que produjo la Guerra de la Triple Alianza (triple infamia, decía Eduardo Galeano) conformada por Argentina, Brasil y Uruguay, financiados y endeudados por Londres, se tradujo en la aniquilación de la población en las edades más fértiles, dejando abandonados a niños y viejos, y en la ocupación de vastos territorios fronterizos con Argentina y Brasil.

La dañina división e indefinición ideológica de las fuerzas populares, el egoísmo caudillesco, la prostitución de dirigentes sindicales y el asesinado de decenas de líderes emergentes, en particular entre los luchadores campesinos, impide por ahora que surja una conducción política capaz de encausar el cambio estructural profundo que requiere este país.

Extracto de la nota “Estado Putrefacto” de José Antonio Vera, periodista y analista internacional.

Ver nota completa: Estado Putrefacto

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*