Estado Putrefacto

Por José Antonio Vera* | Este país, llamado Paraguay, ha ingresado en las últimas semanas en otra fase nociva de su turbulenta historia de semicolonia, efecto del continuismo político e ideológico dependiente desde hace siglo y medio de los dos poderosos vecinos, Brasil y Argentina, cuyos gobiernos, desde 1865, juegan de mercenarios del imperialismo, primero inglés y hasta ahora el de Estados Unidos.

La estructura y funcionamiento de los tres poderes del Estado, huelen a materiales podridos, exhibiendo todos sus estamentos, desde los entes descentralizados hasta las élites empresariales públicas y privadas, montañas de pústulas nauseabundas, producto de un persistente almacenamiento, cuyo hedor resulta cada día más insoportable para la población, la cual, salvo el porcentaje de cómplices, ha comenzado a reaccionar, aunque aún en minoría, reclamando cambios en el anillo más íntimo del Ejecutivo.

Esta es una Patria subastada, por decisión de los delincuentes asociados, civiles, militares y religiosos, que ocupan los más altos cargos en una sociedad de descomposición moral de años, ostentando acumulación de inmensas fortunas malhabidas, abyectos sirvientes de capitales transnacionales del agronegocio, del extractivismo, de la especulación bancaria, del narcotráfico y el contrabando, llevándose las mejores tajadas del festín algunas firmas públicas y privadas brasileñas, que la felonía y la traición les facilitan.

El Presidente Mario Abdo Benítez y su Vice, Hugo Velázquez, acaban de salvarse de un juicio político, acusados de cometer el delito de Traición a la Patria, tras suscribir el 24 de mayo, un acuerdo secreto con Brasil, recién revelado, por el cual ceden al vecino los derechos comerciales de Paraguay en la hidroeléctrica común de Itaipú, hasta el 2022, cuando debería reverse esa sociedad binacional, de singular importancia geoestratégica, que tendría que ser la mayor fuente de ingresos para catapultar el desarrollo paraguayo.

Muy temprano en la mañana del primer día de agosto, la Cancillería paraguaya recibió la sorpresiva comunicación del gobierno brasileño de renuncia a ese acuerdo, lo cual ha sido traducido como la mano tendida de Bolsonaro a su colega guaraní, a quien llama Marito, intentando evitar su condena, aunque se traduce como otra tramposa canallada porque la nota no cita la anulación del acta del 24 de mayo, sino que sólo habla de falta de acuerdo sobre la potencia contratada, aunque el gobierno paraguayo habla de anulación.

La bomba había estallado una semana antes, tras la renuncia de Pedro Ferreira, titular de ANDE, el monopolio estatal de electricidad, quien informó públicamente que su decisión respondió a desacuerdos con altos personajes del gobierno, que le exigían firmar para posibilitar ese acuerdo con Brasil, por el cual Paraguay cedía sus derechos en la comercialización del excedente energético del 50 por ciento que le corresponde, facultado por el Tratado binacional, suscrito en 1973 por los generales Alfredo Stroessner y Garrastasú Médicis, cual de los dos más criminal y ladrón.
Abdo Benítez, en un intento por desmovilizar la repulsa popular, que exigía su renuncia o someterlo a juicio político, en menos de 24 horas sustituyó al Canciller Luis Castiglioni, al Embajador ante Brasil Saguier Caballero, al representante de Paraguay en el Consejo de Administración de la represa, Alberto Alderete y a Alcides Jiménez, nombrado el día antes, Presidente de ANDE.

El miércoles, dimisionó “por honor”, la titular del Ministerio de Lavado de Dinero (SEPRELAD), María Epifania González, tras descubrirse que un hijo suyo ofició de emisario del Vicepresidente Velázquez ante Ferreira y empresas privadas brasileñas interesadas en manejar el excedente energético paraguayo, con las cuales, según fuentes brasileñas, ya habría negociado Benigno López, hermano de Abdo Benítez y actual Ministro de Hacienda.

Las aguas del Paraná pertenecen a ambos países en partes iguales, pero la felonía estronista, vigente aún, fungió siempre de siervo de Brasil, al punto de cederle derecho de ocupación militar sobre 100 kilómetros redondos del territorio paraguayo, colonialista garantía en beneficio de las grandes empresas, bancos y del consorcio Electrobras, firma ésta que, se sabe recién ahora, acusa alta morosidad en su compromiso de pago a Itaipú, detalle ocultado por todos los operadores en el condominio.
Paraguay, endeudado por la construcción de la represa, cuyo costo inicial habría sido fijado en mil 900 millones de dólares, pero que al final llegó a 19 mil millones, volviendo multimillonario a todo el anillo que participó en la estafa, debió destinar el año pasado el 60 por ciento de lo percibido por la producción energética a pagar su cuota de la deuda espuria, a contratos con privados y a los altos salarios (entre 10 a 20 mil dólares mensuales) de los funcionarios de la hidroeléctrica.

Este socio menor apenas consume alrededor del siete (7) por ciento y Brasil se lleva el 93, pagando ese 43 por ciento al precio de cáscara de huevos. En el 2009, los mandatarios de ambos países, Luis Ignacio Lula Da Silva y Fernando Lugo, acordaron que Brasil retribuyera con 360 millones de dólares por año, contra los 120 millones que efectivizó durante los últimos años de las tres décadas y medias que llevaba el abuso consentido.

Una estafa similar contra los intereses paraguayos, aunque de menor cuantía por volumen de producción, se produce en la represa común con Argentina de Yaciretá. Hace dos años, el Presidente Horacio Cartes, concedió esa regalía a su colega y correligionario Mauricio Macri, condenando al país a sufrir un importante déficit eléctrico, quedando sin ese servicio numerosos hogares y perjudicando a otros con elevadas y manipuladas facturas mensuales. El empresario, vinculado con el Estado terrorista de Israel y acusado desde diversas fuentes de narcotraficante y contrabandista, es amnésico alevoso, incurso en el mismo delito de Traición a la Patria, impulsó en los primeros tres o cuatro días y después se retractó, el juicio político contra su sucesor.

En esas mismas horas, en Brasil era apresado Darío Messer, fugado de Paraguay y llamado “hermano del alma” por Cartes, ambos estrechamente vinculados con el sionismo, en lo ideológico y en tramposos negociados, que suman muchos folios en tribunales jurídicos de los dos países. Ese acto brasilero ha sido interpretado por diversos medios, como un gesto extorsivo de Bolsonaro para que el exPresidente dejara en paz a Abdo Benítez, con quien el líder de la extrema derecha brasilera ha tejido estrechos vínculos.

 

El nuevo acto desleal se consumó hace dos meses y, a medida que se van revelando las cláusulas de la entrega de la principal fuentes de electricidad e ingresos financieros del país, las calles de Asunción van siendo ocupadas por cientos de indignados que exigen la destitución y condena judicial de los responsables, los cuales conforman una larga lista de hampones, maquillados de honorables personajes, entre quienes y muy pocos, los tribunales ordenan detener algunos días o meses, para luego otorgarles la incumplible prisión domiciliaria. Sus cargos en el Estado, son ocupados por otros impresentables y cómplices, que esperan ser convocados entre los numerosos ocupantes de la cantera de delincuentes políticos, empresariales y religiosos, que el país tiene para regalar.

El entreguismo de la Patria, que comenzó al terminar el genocidio que produjo la Guerra de la Triple Alianza (triple infamia, decía Eduardo Galeano) conformada por Argentina, Brasil y Uruguay, financiados y endeudados por Londres, se tradujo en la aniquilación de la población en las edades más fértiles, dejando abandonados a niños y viejos, y en la ocupación de vastos territorios fronterizos con Argentina y Brasil.

La destrucción fue diseñada por Inglaterra, como castigo al único país sudamericano que ostentaba soberanía, y a la única República del subcontinente –entre todas las que sus grandes héroes habían intentado instalar contra la ocupación colonial– que se hacía respetar ante las potencias del mundo, cobrando peajes a las embarcaciones extranjeras que surcaban sus aguas, gozando de equidad social y completa alfabetización, con una economía sólida, basada en la bondad de su generosa tierra, abundante agua y cosechas admirables, en particular de algodón, de finísima calidad, que codiciaba la pujante hilandería inglesa que, entonces, era la principal actividad industrial de ese imperio.

Los gobiernos de Argentina y Brasil, obedientes al imperio como hoy, además de robar cuanta riqueza material encontraron en el desarrollado Paraguay, y surtir a sus empresas de mano de obra esclava, con los cientos de miles de mujeres y hombres jóvenes capturados, se ocuparon de fundar los partidos políticos que, hasta hoy, se han apoderado de la administración del país, convertido en una hacienda de pocas familias que, en un 2.5 por ciento ocupan el 85 por ciento de la mejor tierra en los 400 mil kilómetros cuadrados a la que ese conflicto redujo la superficie paraguaya.

Así, en la última batalla, cuando asesinaron al Mariscal Francisco Solano López, quien habría muerto al grito de “muero por mi Patria” (algunos historiadores dicen que sus últimas palabras fueron “muero CON mi Patria”, lo cual hoy día tendría suficiente razón), Brasil se llevó al oficial Bernardino Caballero, lo adoctrinó y convirtió en General paraguayo, creando el Partido Colorado, con Caballero al frente, con la orden de vender las tierras fiscales a capitales privados extranjeros, abuso que se consolidó en el tiempo, al igual que la figura de ese vendepatria, que ha hecho escuela como centauro del partido. La Argentina de Mitre, por su parte, creó el Partido Liberal, con genética doctrinaria inglesa. Ambos emblemas, reparten responsabilidad en perpetuar “el dolor paraguayo”.

Desde entonces, esos dos partidos comandan todo, supremacía colorada abusiva, con brevísimos paréntesis, como fueron los gobiernos del liberal Eligio Ayala (1923/7), quien llegó a cartearse con Lenin, tras un encuentro en París con el jefe comunista exiliado, más el corto periodo insurreccional de un año, encabezado por el Coronel Rafael Franco (1936), y los cuatro años que duró el gobierno de mayor sensibilidad social en los últimos 80 años, del exObispo Fernando Lugo, derrocado en junio del 2012, por traición del Partido Liberal, coaligado con el Colorado, los sectores más rancios de la derecha, y con compañías transnacionales del agronegocio y el extractivismo industrial.

Reducidos hoy a sus tenebrosos aparatos de mando, esos partidos conforman dos patéticas cofradías de mediocres, oportunistas, narcopolíticos, contrabandistas, con sobresaliente poder de hampones, que superan todos los dramas vividos por este país de prostitución política y descomposición moral de un alto porcentaje de sus siete millones de habitantes residentes, a los que suma un 30 por ciento de emigrados a diversos países, en particular Argentina y España.

En definitiva, colorados y liberales han celebrado 130 años de vida y nunca han sido capaces de restaurar la ejemplar República que fue Paraguay entre 1813 y 1864. Ni se lo han propuesto, porque la ortodoxia oficial siempre priorizó el interés mezquino de ocupar los cargos del Estado, eliminando, social, política y hasta físicamente a cuanto militante disidente ha surgido entre sus filas. Cárcel y torturas, largas penas penitenciarias para muchos y exilio para muchos más, todos acusados de comunistas, entre los cuales destacaron artistas sobresalientes.

El suntuoso edificio de mármol blanco que es el Ministerio de Justicia, en la jerga popular es llamado “el único prostíbulo que abre de mañana”. Más de 20 mil presos están repartidos en una media docena de cárceles, 75 por ciento sin condena, mayoría penan delitos leves, muchos consecuencia de la inequidad social, de la exclusión, del hambre y la carencia de trabajo, posibilidad de estudios y la ausencia de un futuro digno.

El autoritarismo se hizo cultural, y hasta popular en este siglo de bipartidismo, y la corrupción se hizo carne en las altas esferas del poder civil, militar, religioso y empresarial, echando hondas raíces durante los 35 años que duró la tiranía del General Stroessner (1954/89), uno de los pilares del Plan Cóndor, fundado en 1976 en el Chile de su colega Augusto Pinochet, en compañía de los socios en el crimen y el saqueo regional, el argentino Rafael Videla, el boliviano Hugo Bánzer y el uruguayo Gregorio Alvarez, bajo la batuta del Jefe del Pentágono, Henry Kissinger, fundador, en Austria en los años 50 del siglo pasado, junto a otros grandes filántropos, del siniestro Club Bilderberg, peligrosa concentración del poder ideológico desde entonces.

En 1989, el Presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, se propuso cambiar la imagen de los cabecillas de las tiranías suramericanas, y entendió que una de los primeros fusibles era Stroessner, un impresentable militar, octogenario, que de origen humilde e ideología nazi, se había convertido en multimillonario, con caudalosas cuentas en bancos extranjeros, un asesino en serie, para cuya ruindad mental, programada por los servicios de la inteligencia norteamericana, todos sus opositores eran comunistas, un violador de niñas de 12 y 13 años, arrancadas del seno de las familias campesinas más pobres.

La dañina división e indefinición ideológica de las fuerzas populares, el egoísmo caudillesco, la prostitución de dirigentes sindicales y el asesinado de decenas de líderes emergentes, en particular entre los luchadores campesinos, impide por ahora que surja una conducción política capaz de encausar el cambio estructural profundo que requiere este país.

* José Antonio Vera es Periodista y Analista Internacional

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