Al macrismo no le alcanzó el lawfare ni la hegemonía comunicacional

No cabe duda alguna que el macrismo durante su gestión gubernativa ha concretado directa e indirectamente una alianza con un conglomerado de medios y comunicadores que- a modo de extraordinaria fortificación simbólica- han operado en la práctica como un tenaz semillero cuya misión fundamental se concentró en justificación acrítica de sus políticas y maniobras, instituyéndose además en una suerte de muralla encaminada a obliterar y censurar directa o indirectamente todo vestigio de manifestación crítica.

Ante tal circunstancia los sectores que se han visto inhabilitados de ejercer derechos humanos fundamentales que legitiman y universalizan la comunicación y la expresión -durante dicho periodo- hubieron de recurrir a un sinfín de estrategias creativas para desplegar tales derechos en condiciones palmariamente asimétricas. Incluyo en dichas estrategias claramente a la prédica personal boca a boca.

La hegemonía comunicacional del régimen macrista no se limitó estrictamente a “lo comunicacional”. Muy por el contrario se extendió a lo que hoy se conoce como el Lawfare, fenómeno que no se ciñe a la “guerra judicial” sino que constituye un dispositivo complejo y articulado encaminado hacia la creación de un sentido común orientado a instalar en forma despótica un “cambio” de paradigma filosófico, cultural, económico y político.

No obstante, y muy a pesar de aquellos que sostienen que este tipo de estrategias verticales constituyen fenómenos inexpugnables, el resultado de las elecciones pasadas demuestran que este patrón de dispositivos no resultan invulnerables, y que en el regazo de los pueblos, siguen produciéndose prodigios donde lo cultural, lo histórico, lo político y lo económico suelen entrelazarse y circular fortaleciendo un propio sentido común -que en términos jauretcheanos- implica el desarrollo de una autoconciencia y autodeterminación que permiten definir con claridad los intereses colectivos de las mayorías. No es la primera vez que los sectores populares triunfan a pesar del bombardeo mediático.

En ese orden de ideas la conferencia de prensa que protagonizó en el día de ayer, nos presentó a un Macri con una ostensible incapacidad para empatizar y asumir sus propias responsabilidades sin expresar remordimiento alguno. Con un cinismo indescriptible, proyectó sobre quienes no lo votaron su propia impericia para comprender una realidad que le estalló en el rostro y evitó asumirla como hubiera correspondido a quién le fuera conferida la misión de conducir los destinos del país.

Tal conducta pone a toda la patria en estado permanente de angustia y alarma, con el agravante que el propio presidente atribuyendo a aquellas/os que no lo votaron calidad de objetos inertes, ha dejado entrever veladas y expresas amenazas rayanas con lo extorsivo asumiendo una conducta temeraria que en una sola jornada generó -entre otras consecuencias- un deterioro tangible del salario real favoreciendo movimientos especulativos de la peor calaña con impredecibles consecuencias económicas y sociales.

Soy de quienes piensan que en tiempos como los que nos tocan vivir debemos actuar con firmeza pero con responsabilidad, ya que nuestra historia demuestra que actitudes como las descriptas pueden conducir a eventos luctuosos de imprevisibles y desgraciadas derivaciones.

Cabe la esperanza de que tal actitud nos evite caer en una tramposa maraña de posposiciones solapadas y de provocaciones inducidas.

Francisco Pestahna, director del Departamento de Planificación y Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Lanús para Megafon (Los medios de la Unla)

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